(Por Bruno Halcón Gómez:
artista e historiador del arte)
La obra en general tiene como hilo conductor, el ambiente de la ciudad de Sevilla en primavera donde todo es color. Es por ello por lo que nos retrotraemos a un espacio íntimo como es el patio conventual de formas y carácter tradicionalista donde se emplaza un gran azulejo devocional de nuestra señora de la Antigua. Éste se inspira no solo en la cerámica sevillana de carácter anónimo si no también en los muchos otros azulejos devocionales que durante el siglo XVI Y XVII se llegaron a realizar. Hablo de obras como el de nuestra señora del Populo, o el de María Inmaculada, ambos en el museo de Bellas artes. A sus plantas cuatro mojas de distintas órdenes, (de izquierda a derecha y de arriba abajo: Jerónima, Carmelita descalza, Dominica y Clarisa) representan en actitud orante, al sinfín de órdenes de religiosas a las que la Hermandad de la Antigua asiste, quedando a su vez abrazadas por un gran zócalo de azulejos inspirado en los frontones de altar de Hernando de Valladares. Entre el plano celestial que estaría ocupado por el azulejo devocional, y el plano terrenal, ocupado a su vez por las propias hermanas, se emplazan como medio de transición entre ambos, dos ángeles compasivos y en actitud de asistencia a las religiosas como símil de los hermanos de la dicha hermandad. En ellos se reconocen ciertos rasgos Bizantinos (alas mayoritariamente) en alusión a la propia imagen original de la Virgen de la Antigua que se mezclan con otros de tipo italianos procedentes en gran medida de autores como Federico Barocci.
En cuanto a la composición, sería interesante destacar que ésta se basa en un esquema oval del que emerge la imagen de María triunfante, aunque también se ha jugado con las miradas y los gestos de los distintos personajes.
Como último dato, es interesante hacer mención tanto al colorido, que es muy abundante como a la pequeñas golondrina que se cuela en la obra y que se encuentra en la parte superior izquierda sobre el farol. Ésta vendría a representar la pasión de Cristo desde un punto de vista muy sevillano y alejado del tradicional jilguero que en el arte siempre ostenta ese cargo, ya que en nuestra tierra y de forma popular, se dice que fueron las golondrinas las que retiraron con sus picos algunas de las espinas de la frente de Cristo.
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